Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Narración breve

Instrucciones para abrir una puerta

Preámbulo             El hombre suele poner puertas en todos los lugares. Las pone por miedo. Las pone por vergüenza. Las pone por imitación. Las pone por doquier. Hay puertas de muy diversos materiales: de madera, de hierro, de vidrio…, de sol. Hay puertas que se abren a la derecha, otras a la izquierda; puertas que se abren hacia afuera, otras hacia adentro…, algunas se abren a la esperanza. Hay puertas siempre abiertas… para unos pocos escogidos. Otras siempre cerradas… para casi todas las personas. El hombre, qué cosa tan absurda, pone puertas incluso en su propia casa, como si quisiera limitarse el libre acceso a las habitaciones que, pese a la puerta que le impide el paso, siguen siendo suyas, le pertenecen y están a su disposición. Tal vez las cierra porque sabe que en una de ellas, allí en un rincón agazapada, le espera la muerte. Un día tendrá que abrir esa puerta y se preguntará por qué no le hizo ...

La pelea

         Bueno, ya conocéis a Lorenzo. También sé que todos tenéis para contar alguna anécdota o sucedido, más o menos ocurrente, de él. ¡Es un hombre tan peculiar!..., aunque sólo sea por su imagen, con ese parche negro tapándole la cuenca vacía de su ojo derecho. Sin embargo, lo que hoy os voy a relatar supera a todo lo narrado hasta ahora sobre él.             Lorenzo y Marta hace unos meses, huyendo del bullicioso centro sevillano, se fueron a vivir al extrarradio. Habían llegado a la edad en la que se busca más la tranquilidad y la calma que el ajetreo y alboroto propio de los años mozos. Alquilaron un pisito en la primera planta de un edificio recién construido. Dormitorio, saloncito, cocina y un escueto cuarto de aseo. Eso sí, todas las habitaciones, salvo el cuarto de aseo, con ventanas a la calle y orientadas al noreste, que es más fresco y en Sevilla eso se agradece. Hasta pusieron un p...

La Greguería

Jueves 25 . A Lola se le ha metido entre ceja y ceja que este fin de semana vayamos a la playa. A mí no me apetece mucho que digamos, pero al final estoy seguro de que iremos. Llevamos cuatro meses viviendo juntos, así que todavía no me atrevo a llevarle la contraria de una manera decidida. He opuesto una leve resistencia al decirle que este fin de semana se preveía mucho tráfico, pero me ha contestado: “No importa, iremos más despacio”. La verdad es que ayer se inició el curso sobre técnica de escritura, al que un mes antes me había inscrito, y me han mandado la primera tarea que consiste en crear una historia basándome en una greguería de mi invención. Por eso me apetece quedarme este “finde” en casa pensando sobre el tema. No tengo ni zorra idea de por dónde empezar. Hace años ojeé una antología de Ramón Gómez de la Serna. Sus greguerías me parecieron ocurrentes, no todas, y me dije que eran bastante más fáciles de escribir que una novela o un artículo de prensa. Para Ram...