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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuento

UN DÍA EN EL COLE

Sor Aurelia era mofletuda y rechoncha. Recuerdo que yo me decía al mirarla desde mi pupitre que las alas de su toca, por muy grandes que fueran y por muy fuerte que las batiera, no podrían levantarla ni un palmo del suelo. A primera hora de la mañana nos hacía rezar un padre nuestro o un ave maría, ya no me acuerdo, pero rezar sí que rezábamos algo, de eso sí que me acuerdo. Después, unos días repasábamos la tabla de multiplicar y otros días sacábamos los cuadernos Rubio de caligrafía y nos decía: Hoy toca practicar la letra bonita, que vaya mamarrachos de letras me hacéis. Yo iba por el número dos, el que tenía en la portada un soldado romano montado en su cuadriga, que más tarde supe que no era cuadriga sino biga. Pero entonces todos nosotros la llamábamos cuadriga. A mí me gustaba mucho esa ilustración de la portada y me imaginaba que era yo el intrépido y valiente soldado que fustigaba a esos vigorosos caballos y que sentía como mi capa roja, todas las capas de los romanos eran roj...

Segundo premio "Facultad de Relato" 2016. Universidad de Jaén

El relato que hoy os presento está inspirado en un poema de Antonio Machado. El que, seguramente, conocéis y lleva por título “A un olmo seco”. Por eso, os recomiendo que, si lo tenéis olvidado, lo releáis. Y con tal fin os lo he copiado más abajo. Después podéis seguir leyendo mi  ficción, de la que me siento un tanto orgulloso. Os diré por qué. El relato lo escribí hace un par de meses y lo presenté a concurso. El que convocaba la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de Jaén, en su XX edición. El resultado fue que me galardonaron con el segundo premio…  y tengo entendido que se presentaron más de dos relatos. Así que, leed el poema de A. Machado y después mi relato. Luego me comentáis mis errores. A UN OLMO SECO   Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido.   ¡El olmo centenario en la colina que lame el Duero! Un m...

Éxodo

            Todos íbamos gritando, asustados, de un lado a otro, sin control, desesperados. Queríamos huir pero no sabíamos a donde. El campamento era un caos. Los niños llorando, perdidos de sus padres. Las madres como locas buscándolos. Todos recriminando a nuestro guía por habernos llevado a la muerte. Llevábamos más de seis meses huyendo sin parar de los hombres del Faraón. ¡Y ahora, estábamos irremisiblemente  atrapados entre ellos y el agua! Entre la espada y la mar. Hoy contaré la verdad. La leyenda que todo el mundo conoce exagera y desvirtúa la auténtica historia. La realidad fue muy diferente. No es cierto que nuestro éxodo lo formaran más de seiscientas mil personas. Apenas éramos mil. Llevábamos nuestras impedimentas en carros tirados por nosotros mismos. Sólo disponíamos de veintitrés camellos que cargábamos con pesados fardos que contenían nuestro bien más preciado, el agua. También los pertrechos necesari...

La pelea

         Bueno, ya conocéis a Lorenzo. También sé que todos tenéis para contar alguna anécdota o sucedido, más o menos ocurrente, de él. ¡Es un hombre tan peculiar!..., aunque sólo sea por su imagen, con ese parche negro tapándole la cuenca vacía de su ojo derecho. Sin embargo, lo que hoy os voy a relatar supera a todo lo narrado hasta ahora sobre él.             Lorenzo y Marta hace unos meses, huyendo del bullicioso centro sevillano, se fueron a vivir al extrarradio. Habían llegado a la edad en la que se busca más la tranquilidad y la calma que el ajetreo y alboroto propio de los años mozos. Alquilaron un pisito en la primera planta de un edificio recién construido. Dormitorio, saloncito, cocina y un escueto cuarto de aseo. Eso sí, todas las habitaciones, salvo el cuarto de aseo, con ventanas a la calle y orientadas al noreste, que es más fresco y en Sevilla eso se agradece. Hasta pusieron un p...

La Greguería

Jueves 25 . A Lola se le ha metido entre ceja y ceja que este fin de semana vayamos a la playa. A mí no me apetece mucho que digamos, pero al final estoy seguro de que iremos. Llevamos cuatro meses viviendo juntos, así que todavía no me atrevo a llevarle la contraria de una manera decidida. He opuesto una leve resistencia al decirle que este fin de semana se preveía mucho tráfico, pero me ha contestado: “No importa, iremos más despacio”. La verdad es que ayer se inició el curso sobre técnica de escritura, al que un mes antes me había inscrito, y me han mandado la primera tarea que consiste en crear una historia basándome en una greguería de mi invención. Por eso me apetece quedarme este “finde” en casa pensando sobre el tema. No tengo ni zorra idea de por dónde empezar. Hace años ojeé una antología de Ramón Gómez de la Serna. Sus greguerías me parecieron ocurrentes, no todas, y me dije que eran bastante más fáciles de escribir que una novela o un artículo de prensa. Para Ram...