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Mostrando las entradas etiquetadas como Relato

Un café bien amargo

  Cualquier persona con dos dedos de frente entendería los motivos que me llevaron a hacer lo que hice. Es más, con mucha probabilidad lo aplaudiría. Por eso no comprendo al comisario que se empeña en llamarme psicópata descerebrado. Sigue opinando que oculto el verdadero motivo y hoy, por enésima vez, me ha vuelto a pedir que le contara lo sucedido. Y, ya puestos, ahora te lo voy a contar a ti. Porque de algo habrá que hablar, digo yo, mientras estamos aquí los dos encerrados, mano sobre mano y sin nada que hacer. A ver si así te cambia la cara, que no has abierto el pico en las veinticuatro horas que llevamos juntos, que pareces la momia de Tutankamón, hombre. Para que te enteres, ayer le conté al comisario toda la historia. Antes me habían interrogado varios de sus colegas. Después él mismo. Tres horas sin parar. Bueno, pues hoy va y me vuelve a llevar a su despacho y me pide que se lo cuente todo otra vez. Me quita la esposas y me ofrece un cigarrillo. “Toma Martínez, a ver si ...

Ginés

“Escribir es ponerse a ello”. Eso me dijo ayer Ginés, un periodista del diario local que está escribiendo una novela, con el que comparto un taller de cerámica (tres semanas de duración y ciento cuarenta y cinco euros de matrícula, por los gastos de material, dicen). —A mí siempre me decía mi profe de lengua que mis redacciones eran muy pobres y que no me suspendía porque estaba enchufao — le dije al periodista con ínfulas de escritor. —Que no te dé reparo. Tú ponte ante tu ordenador, abre el Word, pulsa sobre “nuevo documento” y cuando aparezca la página en blanco, escribe en ella lo primero que se te ocurra, una frase, una idea, lo que sea. El caso es no quedarse parado. Luego solo tienes que seguir tirando del hilo y al final, casi sin darte cuenta, has llenado cuatro páginas. —Me parece algo surrealista, pero no sé… tal vez lleves razón. —No lo dudes —me respondió él—. Pásame el engobe rojo, haz el favor. Quiero darle una apariencia de terra sigilatta a este magnífico cuenc...

Martita

  A las diez de la noche aún hacía un calor insoportable. Treinta y cuatro grados marcaba el gran panel digital de la esquina, donde se alternaban temperatura y hora del momento. Menos mal que, como contrapartida, aun había luz natural y no pasaba como en pleno invierno que, a esa hora, cuando Marta salía del trabajo en la oficina de unos grandes almacenes se encontraba con la noche ya cerrada y las farolas, siempre escasas en su opinión, solo delimitaban unos círculos débilmente iluminados y no del todo contiguos, con lo que el desasosiego y el temor a ser asaltada por algún desaprensivo eran lo único que ocupaba su pensamiento hasta llegar a la boca del Metro. En la estación de Tetuán. Por eso, esa noche en la que aun lucía el sol, Marta no se apresuraba con sus pasitos cortos y ligeros. Incluso se paró un rato en el escaparate de la tienda de modas, dónde había un maniquí blanco y estilizado, con un óvalo liso y uniforme que le hacía las veces de cabeza a la muñeca y en el que s...

Antes de dormirme

 Mi marido se parece a Eduardo Noriega, sí al actor tan guaperas, a ese me refiero. Por eso me fijé en él. Recuerdo que estábamos en la presentación de la última novela de Clara. En el coctel que hubo después le dije a mi amiga que me sirviera de mediadora. «Felix, mira esta es Julia y se muere de ganas por conocerte». Me sonrió. Un beso en la mejilla derecha, apenas hubo contacto. «Te pareces a Marta Etura, la actriz», me dijo. Y yo me sentí un tanto halagada. Ahora, después de tres años de casados, estamos atravesando una crisis. Lo mismo que la política del país. Cada vez más virulenta. Esta noche hemos tenido una discusión más dura que las anteriores. Ahí tenéis la muestra: mirad esos vasos rotos y la alfombra manchada de tinto. He cogido las llaves del coche y me he ido de casa. Los vecinos habrán oído el portazo. Cuando me monté en el Audi no sabía muy bien a donde ir. Reconozco que salí precipitadamente, sin darle al intermitente y el coche que venía por la derecha ...

¡Aquí mando yo!

       En las últimas semanas hemos discutido más veces de lo habitual. Por fruslerías, como diría mi tía Mercedes. Yo lo achaco a la influencia del viento terral que sopla sin cesar desde hace unos días; además, ayer tuvimos luna llena y eso, lo quieras o no, parece influir en los ánimos de ciertas personas « especialmente sensibles » , como lo somos nosotros.      Sin embargo, ella opina que el haberme quedado sin trabajo está influyendo en nuestro talante. También opina que no hago lo suficiente por buscar nuevo empleo. ¡Vamos como si los empleos cayeran de los árboles! El colmo ha sido lo de esta tarde. Es que acabo de perder, jugando al póker con los amiguetes, los quinientos veinte euros que ella tenía ahorrados y que, justo esta mañana, me había dado para pagar los seis últimos recibos de la luz, ante la amenaza por parte de Endesa de cortarnos el suministro eléctrico.      —¡Me tienes hasta el moño! Dime tú, so desgraciao , de dó...

Segundo premio "Facultad de Relato" 2016. Universidad de Jaén

El relato que hoy os presento está inspirado en un poema de Antonio Machado. El que, seguramente, conocéis y lleva por título “A un olmo seco”. Por eso, os recomiendo que, si lo tenéis olvidado, lo releáis. Y con tal fin os lo he copiado más abajo. Después podéis seguir leyendo mi  ficción, de la que me siento un tanto orgulloso. Os diré por qué. El relato lo escribí hace un par de meses y lo presenté a concurso. El que convocaba la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de Jaén, en su XX edición. El resultado fue que me galardonaron con el segundo premio…  y tengo entendido que se presentaron más de dos relatos. Así que, leed el poema de A. Machado y después mi relato. Luego me comentáis mis errores. A UN OLMO SECO   Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido.   ¡El olmo centenario en la colina que lame el Duero! Un m...