Ir al contenido principal

Depende del sombrero

Manuel se levantó con hambre. 
En la despensa solo quedaba un resto reseco de empanadilla. Cogió su guitarra y su sombrero de ala corta. 
En la calle ocupó la esquina de siempre. El sombrero a sus pies, con dos monedas de veinte céntimos como reclamo. Las únicas que tenía.
Los acordes de su vieja guitarra, compitiendo con el ruido de sus tripas, evocaban con escaso éxito la canción «Ciudad desierta», de Alex Ubago.
Cuando empezó a lloviznar la calle se quedó vacía.  
Manuel, en una cafetería cercana, hizo recuento de monedas. «¡Maldita lluvia!» se decía.
–Me pone una caña, por favor.
–¿Algo más? –el camarero limpió con desgana la mesa dejando olvidadas algunas migajas.
–No, nada más… ¡No se olvide la tapa, eh!
Esa noche, Manuel soñó que cambiaba su sombrero de ala corta por la chistera de un famoso mago y, cuando buscó en su interior… ¡tachán! ¿Qué tenemos aquí?... Después de mucho tiempo volvía a probar conejo a la cazadora. Estaba de rechupete.

Curiosamente, a la mañana siguiente, se despertó con pesadez de estómago.




Ilustraciones de Felipe Molina de la Torre 

Comentarios

  1. Las magníficas ilustraciones de este microrrelato las ha hecho mi hijo Felipe.

    ResponderEliminar
  2. Muy bueno Felipe, se queda uno con ganas de seguir, el remate de la pesadez de estómago es como una medida verónica de Curro

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Un duro aprendizaje

 Recordó, antes de volver a caerse, sus primeros intentos por caminar solo, sin ayuda. Progresaba, sí, pero muy lentamente. Al principio apenas podía sostenerse en pie ni tan siquiera durante un segundo. Ahora, después de unas semanas de prácticas, ya era capaz de dar tres o cuatro pasos seguidos. Hoy se ha caído después de seis, ¡todo un éxito! Además, hoy no quiso llorar, como lo hacía antes. Sin embargo, así tirado por enésima vez en el suelo, echó de menos la seguridad con que se movía tan solo hacía unas semanas, cuando sus padres aún le permitían usar el tacatá, y entonces pensó que lo peor aún estaba por venir. Sería el día en que decidieran quitarle también el chupete.

Los patios de las Protegidas

 Unas tías de mi padre vivían en «Las Protegidas». Tenían un piso, un pisito, en la planta baja de uno de los bloques que miran al parque de La Victoria; en la calle Baeza sigue estando, pero ya sin las tías Manuela ni Adela, tampoco el tío Emilio, que era bizco. Sin embargo yo los recuerdo muy bien, los veo moverse (la tía Manuela poco), los sigo oyendo hablar y sigo saboreando su guiso de calamares (nunca superado por los que pruebo ahora). Pero mi mejor recuerdo es el de los patios, grandes patios, enormes patios interiores que tienen esos bloques de viviendas protegidas. En ellos he jugado, he rivalizado con otros chiquillos por inventar historias fantásticas, he intercambiado cromos y canicas, he merendado hoyos de pan con aceite y una onza de chocolate, he corrido y me he hecho magulladuras en las rodillas por las caídas sobre un suelo cubierto de gravilla... En esos patios he pasado momentos de mi infancia en los que estaba convencido de que todo el mundo, toda la vida, toda...

Segundo premio "Facultad de Relato" 2016. Universidad de Jaén

El relato que hoy os presento está inspirado en un poema de Antonio Machado. El que, seguramente, conocéis y lleva por título “A un olmo seco”. Por eso, os recomiendo que, si lo tenéis olvidado, lo releáis. Y con tal fin os lo he copiado más abajo. Después podéis seguir leyendo mi  ficción, de la que me siento un tanto orgulloso. Os diré por qué. El relato lo escribí hace un par de meses y lo presenté a concurso. El que convocaba la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de Jaén, en su XX edición. El resultado fue que me galardonaron con el segundo premio…  y tengo entendido que se presentaron más de dos relatos. Así que, leed el poema de A. Machado y después mi relato. Luego me comentáis mis errores. A UN OLMO SECO   Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido.   ¡El olmo centenario en la colina que lame el Duero! Un m...