Ir al contenido principal

Entradas

Segundo premio "Facultad de Relato" 2016. Universidad de Jaén

El relato que hoy os presento está inspirado en un poema de Antonio Machado. El que, seguramente, conocéis y lleva por título “A un olmo seco”. Por eso, os recomiendo que, si lo tenéis olvidado, lo releáis. Y con tal fin os lo he copiado más abajo. Después podéis seguir leyendo mi  ficción, de la que me siento un tanto orgulloso. Os diré por qué. El relato lo escribí hace un par de meses y lo presenté a concurso. El que convocaba la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de Jaén, en su XX edición. El resultado fue que me galardonaron con el segundo premio…  y tengo entendido que se presentaron más de dos relatos. Así que, leed el poema de A. Machado y después mi relato. Luego me comentáis mis errores. A UN OLMO SECO   Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido.   ¡El olmo centenario en la colina que lame el Duero! Un m...

¡Estos sobrinitos!

¡Lo que hay que hacer para conseguir tener contentos a los sobrinos! Yo solo pretendía que sacaran al perro a pasear, pero ellos se negaban una y otra vez.     Les prometí llevarlos al circo para que se rieran con los payasos y entonces sentencié mi futuro inmediato. Desviaron la mirada hacia la vieja armadura del patio y dijeron: "Tito, sacaremos al perro si tú te vistes con toda esa chatarra"    Y ahí me veis. A punto de asfixiarme. Con los ojos que se me escapan de las cuencas Aun sigo sin entender como conseguí sacar la cabeza por tan estrecha embocadura. ¡Lo que de ninguna manera logré fue cubrirme con el yelmo! ¡Si que se rieron de mí los sobrinitos!

Instrucciones para abrir una puerta

Preámbulo             El hombre suele poner puertas en todos los lugares. Las pone por miedo. Las pone por vergüenza. Las pone por imitación. Las pone por doquier. Hay puertas de muy diversos materiales: de madera, de hierro, de vidrio…, de sol. Hay puertas que se abren a la derecha, otras a la izquierda; puertas que se abren hacia afuera, otras hacia adentro…, algunas se abren a la esperanza. Hay puertas siempre abiertas… para unos pocos escogidos. Otras siempre cerradas… para casi todas las personas. El hombre, qué cosa tan absurda, pone puertas incluso en su propia casa, como si quisiera limitarse el libre acceso a las habitaciones que, pese a la puerta que le impide el paso, siguen siendo suyas, le pertenecen y están a su disposición. Tal vez las cierra porque sabe que en una de ellas, allí en un rincón agazapada, le espera la muerte. Un día tendrá que abrir esa puerta y se preguntará por qué no le hizo ...

Éxodo

            Todos íbamos gritando, asustados, de un lado a otro, sin control, desesperados. Queríamos huir pero no sabíamos a donde. El campamento era un caos. Los niños llorando, perdidos de sus padres. Las madres como locas buscándolos. Todos recriminando a nuestro guía por habernos llevado a la muerte. Llevábamos más de seis meses huyendo sin parar de los hombres del Faraón. ¡Y ahora, estábamos irremisiblemente  atrapados entre ellos y el agua! Entre la espada y la mar. Hoy contaré la verdad. La leyenda que todo el mundo conoce exagera y desvirtúa la auténtica historia. La realidad fue muy diferente. No es cierto que nuestro éxodo lo formaran más de seiscientas mil personas. Apenas éramos mil. Llevábamos nuestras impedimentas en carros tirados por nosotros mismos. Sólo disponíamos de veintitrés camellos que cargábamos con pesados fardos que contenían nuestro bien más preciado, el agua. También los pertrechos necesari...

La pelea

         Bueno, ya conocéis a Lorenzo. También sé que todos tenéis para contar alguna anécdota o sucedido, más o menos ocurrente, de él. ¡Es un hombre tan peculiar!..., aunque sólo sea por su imagen, con ese parche negro tapándole la cuenca vacía de su ojo derecho. Sin embargo, lo que hoy os voy a relatar supera a todo lo narrado hasta ahora sobre él.             Lorenzo y Marta hace unos meses, huyendo del bullicioso centro sevillano, se fueron a vivir al extrarradio. Habían llegado a la edad en la que se busca más la tranquilidad y la calma que el ajetreo y alboroto propio de los años mozos. Alquilaron un pisito en la primera planta de un edificio recién construido. Dormitorio, saloncito, cocina y un escueto cuarto de aseo. Eso sí, todas las habitaciones, salvo el cuarto de aseo, con ventanas a la calle y orientadas al noreste, que es más fresco y en Sevilla eso se agradece. Hasta pusieron un p...

Cante

Hoy muestro una breve nota de la obra de un poeta local con especial significado para mí. Hablo de mi padre, Felipe Molina Verdejo. Fue un maestro en el arte de escribir sonetos, sin embrago lo que ahora expongo aquí es una copla, que se publicó en el numero 5 de la revista "Senda de los Huertos" (año 1987), y la traigo ante vuestros ojos por lo inusual que fue este tipo de estrofa en su obra. Espero que os guste. CANTE Nadie lo sabe, cuál fue la cuna del cante nadie lo sabe. El cante nació aquel día que un hombre quiso contarle al aire lo que sufría. Y a solas, detrás de la yunta, a solas, lloró una copla. La copla subió arrastrando por su garganta, apuñalada de ayes, negros jirones del alma. En cada nota, más que armonías para el viento, iba cayendo una gota de su corazón sediento. ¡Ay, copla de aquel primer cantaor desconocido! ¡Ay, quién pudiera tener el gozo de haberla oído!... ¿El gozo?, ¡no!, que la pena,...

La risa de una niña

     Una risa auténtica solo se tiene en la infancia. Después, de adulto, las risas no son tan francas. Siempre esconden un “me río, pero…”      ¿Quién podría saber todas las palabras que hacen reír a un niño de esa manera? Sólo alguien que sea capaz de protegerlo con un abrazo. Alguien que cubra sus manos con el calor de su propia mano. Alguien que, ¿os habéis fijado?, sea capaz de ponerse a su misma altura para poder mirarlo cara a cara. Entonces el niño se reirá como sólo él sabe hacerlo. Y te mirará, pero no queriendo desprenderse de la mirada a quien se ha hecho niño como él. Te observará, casi inconscientemente, para comprobar si tú también te ríes, si tú también eres feliz como él. Y entonces te das cuenta de que sí, de que tú también eres dichoso sólo por presenciar esa alegría, ese momento de amor.  *** La foto tiene más de treinta años. Son mi padre y mi hija Patricia. Hoy, mi padre ya no está y mi hija es toda una mujer,...

La Greguería

Jueves 25 . A Lola se le ha metido entre ceja y ceja que este fin de semana vayamos a la playa. A mí no me apetece mucho que digamos, pero al final estoy seguro de que iremos. Llevamos cuatro meses viviendo juntos, así que todavía no me atrevo a llevarle la contraria de una manera decidida. He opuesto una leve resistencia al decirle que este fin de semana se preveía mucho tráfico, pero me ha contestado: “No importa, iremos más despacio”. La verdad es que ayer se inició el curso sobre técnica de escritura, al que un mes antes me había inscrito, y me han mandado la primera tarea que consiste en crear una historia basándome en una greguería de mi invención. Por eso me apetece quedarme este “finde” en casa pensando sobre el tema. No tengo ni zorra idea de por dónde empezar. Hace años ojeé una antología de Ramón Gómez de la Serna. Sus greguerías me parecieron ocurrentes, no todas, y me dije que eran bastante más fáciles de escribir que una novela o un artículo de prensa. Para Ram...