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Martita

  A las diez de la noche aún hacía un calor insoportable. Treinta y cuatro grados marcaba el gran panel digital de la esquina, donde se alternaban temperatura y hora del momento. Menos mal que, como contrapartida, aun había luz natural y no pasaba como en pleno invierno que, a esa hora, cuando Marta salía del trabajo en la oficina de unos grandes almacenes se encontraba con la noche ya cerrada y las farolas, siempre escasas en su opinión, solo delimitaban unos círculos débilmente iluminados y no del todo contiguos, con lo que el desasosiego y el temor a ser asaltada por algún desaprensivo eran lo único que ocupaba su pensamiento hasta llegar a la boca del Metro. En la estación de Tetuán. Por eso, esa noche en la que aun lucía el sol, Marta no se apresuraba con sus pasitos cortos y ligeros. Incluso se paró un rato en el escaparate de la tienda de modas, dónde había un maniquí blanco y estilizado, con un óvalo liso y uniforme que le hacía las veces de cabeza a la muñeca y en el que s...

Casi un diario, como diría mi vecino el listillo. Martes, 25 de abril de 2022.

Martes, 25 de abril de 2022   Hoy he decidido escribir un diario. Bueno casi un diario, porque no estoy seguro de escribir en él todos los días. Mi vida no es tan interesante ni tan aventurera como para que me sucedan hechos memorables o prodigiosos a todas horas. Tampoco es la primera vez que empiezo un diario. A ver, que levante la mano quién no haya tenido en su adolescencia un cuaderno que ocultaba en lo más recóndito de su cajón y en el que no hubiera escrito en la portada «No abrir. Diario muy personal», o cosa parecida. En mi caso, lo empecé a escribir cuando tenía catorce años, o quizá menos. El cuaderno en el que lo escribía era de tapas duras, de cartón duro quiero decir, y de color azul. Las páginas interiores estaban rayadas, para que al escribir no torciera los renglones. Porque entonces, todo el mundo escribía a mano, bueno, mi padre en su oficina también escribía a máquina (a mí me hacía mucha ilusión oír la campanita sonar cuando avisaba de que el carro había llegad...

Unas vacaciones indefinidas.

  -¿Cuándo viene mamá? -Pronto.   Miro el reloj de pared que nos regaló su hermana el día de nuestra boda. Nunca me gustó ese reloj. Es feísimo y se retrasa cinco minutos cada tres días. Tampoco me gusta su hermana. En todos estos años sólo nos hemos visto cuatro o cinco veces. Ahora anda por ahí, por el extranjero. No lo sé ni me interesa.   -¿Se quedará a cenar? -Yo he preparado cena para los tres.   A Marina la conocí en la oficina de Correos. Hace siete años yo enviaba todas las semanas un sobre por correo certificado con mi último relato. Lo enviaba a la revista El Faro inhiesto . Por aquellas fechas me los publicaban todos, pero la revista dejó de publicarse hace tres años. Dicen que su editor se veía acosado por las deudas y despareció junto con la revista. También se echó en falta a su secretaria. No digo más.   Una mañana le propuse a Marina, que ya me sonreía al verme llegar a su mostrador, comer juntos en El Tragaldabas , el chirin...

Efemérides. Diez de Agosto.

Hoy cumple 125 años la Aspirina. El 10 de agosto de 1897, el joven químico alemán Felix Hoffmann , sintetiza el ácido acetilsalicílico . Nace la Aspirina en la cuna de la empresa alemana Bayer. No obstante, ya en la medicina practicada en el Antiguo Egipto o en Mesopotamia eran señaladas las virtudes curativas del sauce. Es de ahí de donde viene la palabra salicílico; sauce en latín es salix  y madera en griego hyle .  Su uso ya aparece registrado en los textos hipocráticos, así como entre los indígenas americanos, y yo he leído en algún sitio (puede ser que fuera en el National Geographic) que incluso el hombre de Neandertal masticaba corteza de sauce para mitigar sus dolores. Cosas más raras se han visto en la Historia. El extracto activo de la corteza del Sauce, género descrito por Linneo, llamado salicina, fue aislado años antes, en 1828, por el farmacéutico francés H. Leroux y el químico italiano Rafael Piria. El mérito del joven químico alemán Félix Ho...

No hay evolución después del Australopithecus

 Hoy estoy muy cabreado, así que mejor no me habléis. Estoy tan cabreado como decepcionado. Sí, decepcionado de mi Especie, la que se supone que es la única en la Tierra a la que se le puede llamar “inteligente”. Algunos dicen que incluso estamos dotados de alma porque estamos hechos a imagen y semejanza del Dios que nos creó. Pero, ahora que lo pienso, dioses hay muchos; los hay sabios, justos y amorosos y los hay violentos, envidiosos y lúbricos. Y ahora os explico, si queréis, por qué estoy tan conmocionado. Por la noticia que viene hoy, domingo 31 de julio de 2022 en el periódico. Aquí os pongo la foto con el titular.   ¿Es o no es para preguntarse qué clase de animales somos? Resulta que el pobre Alika era de Nigeria, ese país que solo lleva poco más de sesenta años de independencia (de los buenos británicos) y que hoy es el más poblado de toda África con, asombraros, más de doscientos millones de habitantes, lo que hace que su densidad de población sea de 220 habitan...

Fue un gran salto

Pues resulta que hoy, 20 de julio, es el quincuagésimo tercer aniversario de la llegada del hombre a la Luna. Aquel verano todo el mundo estaba expectante y ansioso por ver como se desarrollaba el acontecimiento. No en todos los hogares había televisión por aquellas fechas y las casas en las que sí la había, se llenaron de invitados pese a la hora de retransmisión. Nosotros lo vimos en mi casa, pero se ve que yo me quedé dormido a esas horas de la madrugada porque mi recuerdo es el de haber visto el alunizaje en casa de mis abuelos, a la tarde siguiente, cuando volvieron a retransmitirlo. Recuerdo que estaba emocionado, quizá porque ya tenía la edad suficiente para comprender el significado de tal hecho. Mi abuela, que estaba sentada en su sillón preferido en la acristalada cancela de la habitación, no paraba de decir: “Mira que sois tontos, ¿de verdad os lo creéis?”. Luego vinieron las teorías conspiranoicas: que si la bandera no podía ondear al no haber atmósfera, que si no se veían ...

Diálogos interiores

Vamos a ver, ¿es que no habláis nunca con vosotros mismos?... Sí a eso me refiero, a mantener un soliloquio interior. Que yo recuerde, desde mi más remota infancia lo vengo haciendo casi a diario. Ahora mismo, por ejemplo. Cualquiera diría que en estos momentos estoy dirigiéndome a vosotros, pero lo más probable es que a estas horas quien no está cenando, está viendo la tele y quién no está discutiendo con su mujer es porque está sobándole el culo, así que difícilmente estáis para escuchar mis simplezas. Por eso, en realidad esto de escribir es una forma de hablar conmigo mismo. Uno más de mis soliloquios. Hoy he conocido a Hélène Loevenbruck. Es una filóloga investigadora de neurolingüística y jefa del equipo de lenguaje en el Laboratorio de Psicología y Neuroconocimiento del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia. Todo esto lo sé porque lo he buscado en Internet, porque en realidad yo solo me he encontrado su nombre en un artículo que habla sobre esto que ya os...

Mirando el álbum de fotos antiguas

  Una vez al mes, más o menos, saco mi álbum de fotos antiguas y las miro con una mezcla de nostalgia y un poco de la sensación de haberlas olvidado. Sin embargo, la foto que hoy coloco aquí siempre ha estado presente en mi memoria. Está hecha en 1954 o quizá en 1955, no estoy seguro. Supongo que la haría mi padre, pero tampoco lo puedo asegurar. El lugar: el Puente de la Sierra. Para que os situéis, a las espaldas del grupo está actualmente el bar-restaurante “El Portazgo”. En el punto en el que estamos (vaya, ya me he adelantado al decir “estamos”. Sí, porque el niño que está montado en el pollino, soy yo) estaban antes las Escuelas del Puente de la Sierra. Si había Escuelas, tendría que haber un maestro, o maestra, ¿no? Pues el personaje que está a la izquierda, el que ostenta una buena barriga, es el maestro, mi tío Jacinto. Bueno, en realidad era el tío de mi padre, Jacinto Verdejo, el hermano de mi abuela Josefa Verdejo. Como veis, calvo y ventrudo. Se había casado con la...