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¿Somos lo que pensamos o somos lo que hacemos?

Hace una semana mandé por Whatsapp a 91 de mis contactos telefónicos una pregunta con el ánimo de que la meditaran (no más de lo que dura un episodio de "Salvame deluxe") y me dieran una escueta respuesta. De los 91 respondieron cincuenta y uno. Los otros cuarenta se acogieron a la opción "no sabe, no contesta". La pregunta era: "¿Somos lo que pensamos o lo que hacemos?". De los cincuenta y uno que respondieron, casi la mitad (24) dijeron que somos lo que hacemos; casi un tercio (18) respondieron que somos lo que pensamos; y el resto (8) dijo que somos ambas cosas, tanto lo que hacemos, como lo que pensamos.  Unos días antes de lanzar la pregunta a mis amistades me la hice a mí mismo y me encontré con la sorpresa de que no era fácil responder a esa cuestión. Estuve meditando un rato y decidí repasar ciertas lecturas que en su día hice y que ya tenía casi olvidadas. Ahora expongo mi personal y nada significativa respuesta a la pregunta y un resumen de aqu...

Depende del sombrero

Manuel se levantó con hambre.  En la despensa solo quedaba un resto reseco de empanadilla. Cogió su guitarra y su sombrero de ala corta.  En la calle ocupó la esquina de siempre. El sombrero a sus pies, con dos monedas de veinte céntimos como reclamo. Las únicas que tenía. Los acordes de su vieja guitarra, compitiendo con el ruido de sus tripas, evocaban con escaso éxito la canción «Ciudad desierta», de Alex Ubago. Cuando empezó a lloviznar la calle se quedó vacía.   Manuel, en una cafetería cercana, hizo recuento de monedas. «¡Maldita lluvia! » se decía. –Me pone una caña, por favor. –¿Algo más? –el camarero limpió con desgana la mesa dejando olvidadas algunas migajas. –No, nada más… ¡No se olvide la tapa, eh! Esa noche, Manuel soñó que cambiaba su sombrero de ala corta por la chistera de un famoso mago y, cuando buscó en su interior… ¡tachán! ¿Qué tenemos aquí?... Después de mucho tiempo volvía a probar conejo a la cazadora. Estaba de rechupete. ...

LETRA INCIDENTAL PARA LA MARCHA DE “El ABUELO”

Preámbulo. Es "El Abuelo" una imagen muy venerada, desde muy antiguo, en Jaén. Representa a Jesús Nazareno y la talla es de un autor anónimo que la realizó a finales del siglo XVI. Como suele suceder en estos casos de paternidad desconocida, el pueblo siempre acaba ideando una leyenda que da un origen prodigioso-milagroso a la criatura. Nuestro Padre Jesús Nazareno no iba a ser menos. Otro día, si queréis os cuento su leyenda. Pero si nosotros buscamos un origen que se escape a lo mágico y admitimos que la factura de la imagen se llevó a cabo en el mismo Jaén, hemos de tener en cuenta que por aquella época había dos talleres en nuestra tierra; uno el de Salvador de Cuellar y otro el de Sebastián de Solís. Así que, posiblemente, "El Abuelo" viera la primera luz en uno de esos dos talleres y de la mano de uno de esos dos artesanos. Desde tiempos remotos, la imagen desfila por las calles de Jaén en la madrugada del viernes santo. Se encarga de organizar la proces...

Diez años en un instante

¡Diez años! … Se dice pronto y sin embargo han pasado diez años. Aquel día, especialmente caluroso, no sabía cómo calmar mi sed. Entré en tu bar por casualidad. Solo busca agua fresca. Te encontré a ti. Y ya no supe calmar mi sed con otra agua distinta a la tuya. Han pasado diez veranos más. Calurosos como aquel primero; frescos como tu agua. Y diez primaveras floridas como tu mirada. Han pasado diez inviernos en el calor de tu risa. Y diez otoños en el remanso de tus caricias. Durante todo ese tiempo, tú has estado ahí sabiendo calmar mi sed. Hoy entro en tu bar, pero ya no estás tú. ¿Quién calmará mi sed?

Una buena historia por escribir (si me decido).

-Me pregunto que para qué escribir más novelas, más cuentos, más historias… ¡en fin!, ¿por qué seguir escribiendo? No hace falta. En las estanterías de mi casa tengo más libros sin leer que leídos, así que, ¿para qué voy a garabatear yo una cuartilla en blanco con otro nuevo relato que, de seguro, irá a parar a los muchos cerros de libros sin leer que hay por ahí dispersos por todo el mundo? Además, todo está dicho. Seguro que alguien ha escrito ya en algún otro lugar o en otro tiempo mi relato. -Llevas razón. ¡Pues no lo escribas! (Silencio) -…Ya. Pero es que mi historia es tan interesante y tan divertida. -Pues entonces, escríbela. (Silencio) -No sé, no sé… Más tarde quizá. Ahora se está tan a gusto aquí, tumbado al sol. -Sí. Igual que ayer. 

Segundo premio "Facultad de Relato" 2016. Universidad de Jaén

El relato que hoy os presento está inspirado en un poema de Antonio Machado. El que, seguramente, conocéis y lleva por título “A un olmo seco”. Por eso, os recomiendo que, si lo tenéis olvidado, lo releáis. Y con tal fin os lo he copiado más abajo. Después podéis seguir leyendo mi  ficción, de la que me siento un tanto orgulloso. Os diré por qué. El relato lo escribí hace un par de meses y lo presenté a concurso. El que convocaba la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de Jaén, en su XX edición. El resultado fue que me galardonaron con el segundo premio…  y tengo entendido que se presentaron más de dos relatos. Así que, leed el poema de A. Machado y después mi relato. Luego me comentáis mis errores. A UN OLMO SECO   Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido.   ¡El olmo centenario en la colina que lame el Duero! Un m...

¡Estos sobrinitos!

¡Lo que hay que hacer para conseguir tener contentos a los sobrinos! Yo solo pretendía que sacaran al perro a pasear, pero ellos se negaban una y otra vez.     Les prometí llevarlos al circo para que se rieran con los payasos y entonces sentencié mi futuro inmediato. Desviaron la mirada hacia la vieja armadura del patio y dijeron: "Tito, sacaremos al perro si tú te vistes con toda esa chatarra"    Y ahí me veis. A punto de asfixiarme. Con los ojos que se me escapan de las cuencas Aun sigo sin entender como conseguí sacar la cabeza por tan estrecha embocadura. ¡Lo que de ninguna manera logré fue cubrirme con el yelmo! ¡Si que se rieron de mí los sobrinitos!

Instrucciones para abrir una puerta

Preámbulo             El hombre suele poner puertas en todos los lugares. Las pone por miedo. Las pone por vergüenza. Las pone por imitación. Las pone por doquier. Hay puertas de muy diversos materiales: de madera, de hierro, de vidrio…, de sol. Hay puertas que se abren a la derecha, otras a la izquierda; puertas que se abren hacia afuera, otras hacia adentro…, algunas se abren a la esperanza. Hay puertas siempre abiertas… para unos pocos escogidos. Otras siempre cerradas… para casi todas las personas. El hombre, qué cosa tan absurda, pone puertas incluso en su propia casa, como si quisiera limitarse el libre acceso a las habitaciones que, pese a la puerta que le impide el paso, siguen siendo suyas, le pertenecen y están a su disposición. Tal vez las cierra porque sabe que en una de ellas, allí en un rincón agazapada, le espera la muerte. Un día tendrá que abrir esa puerta y se preguntará por qué no le hizo ...