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Entradas

Los patios de las Protegidas

 Unas tías de mi padre vivían en «Las Protegidas». Tenían un piso, un pisito, en la planta baja de uno de los bloques que miran al parque de La Victoria; en la calle Baeza sigue estando, pero ya sin las tías Manuela ni Adela, tampoco el tío Emilio, que era bizco. Sin embargo yo los recuerdo muy bien, los veo moverse (la tía Manuela poco), los sigo oyendo hablar y sigo saboreando su guiso de calamares (nunca superado por los que pruebo ahora). Pero mi mejor recuerdo es el de los patios, grandes patios, enormes patios interiores que tienen esos bloques de viviendas protegidas. En ellos he jugado, he rivalizado con otros chiquillos por inventar historias fantásticas, he intercambiado cromos y canicas, he merendado hoyos de pan con aceite y una onza de chocolate, he corrido y me he hecho magulladuras en las rodillas por las caídas sobre un suelo cubierto de gravilla... En esos patios he pasado momentos de mi infancia en los que estaba convencido de que todo el mundo, toda la vida, toda...

Un duro aprendizaje

 Recordó, antes de volver a caerse, sus primeros intentos por caminar solo, sin ayuda. Progresaba, sí, pero muy lentamente. Al principio apenas podía sostenerse en pie ni tan siquiera durante un segundo. Ahora, después de unas semanas de prácticas, ya era capaz de dar tres o cuatro pasos seguidos. Hoy se ha caído después de seis, ¡todo un éxito! Además, hoy no quiso llorar, como lo hacía antes. Sin embargo, así tirado por enésima vez en el suelo, echó de menos la seguridad con que se movía tan solo hacía unas semanas, cuando sus padres aún le permitían usar el tacatá, y entonces pensó que lo peor aún estaba por venir. Sería el día en que decidieran quitarle también el chupete.

Galicursi

  Algunas palabras nacen, viven y mueren en los diccionarios sin pasar por la boca de los hablantes. A veces, en mi peregrinar por la web o por libros que ya huelen a viejo, a rancio, y tengo guardados en los anaqueles altos de mi biblioteca, me encuentro con palabras que no he oído ni leído nunca, lo cual no es demasiado raro en mí. De todas ellas solo me quedo con las que tienen cierta musicalidad, las que suenan bien, o las que me sugieren cosas fantásticas. Pues eso es lo que me pasó el otro día al toparme con la palabra GALICURSI. Lo primero que hice fue irme al diccionario de la RAE. Copio lo que dice de esta palabra: 1. adj. coloq. Dicho de un lenguaje: Caracterizado por el uso de frecuentes galicismos por afectación de elegancia. 2. adj. coloq. Dicho de una persona: Que emplea un lenguaje galicursi. U. t. c. s. Luego intente buscar el origen de la palabra. Los vocablos no siempre surgen en el seno de los hablantes, también pueden ser inventados en la literatura, a...

Fotos fuera del álbum: EL bañador azul.

    Mi padre no sabía nadar. Murió sin aprender a nadar. Cuando se bañaba en la piscina nunca pasaba a la parte honda, donde el agua pudiera cubrirle; se quedaba donde no le llegaba al cuello y, sosteniéndose sobre la pierna izquierda, inclinaba el cuerpo hacia adelante al tiempo que elevaba hacia atrás la pierna derecha, hasta la superficie del agua, y movía los brazos como si nadara a braza. Así, en esa postura de una gran te mayúscula, avanzaba a pequeños saltitos siempre cuidando de no alejarse demasiado del borde de la piscina. Entonces ladeaba la cabeza y con la boca bien cerrada para no tragar agua en un descuido, nos sonreía. Parecía querernos decir: “Mirad, mirad ya he aprendido a nadar.” Luego subía la escalerilla cromada, con cierta torpeza —el accidente de coche le había dejado una discreta cojera y un pie derecho plano, por culpa del calcáneo destrozado—, el bañador de color azul marino empapado en agua y pegado a sus delgados muslos. El fino y blanco pelo aplas...

¿Somos lo que pensamos o somos lo que hacemos?

Hace una semana mandé por Whatsapp a 91 de mis contactos telefónicos una pregunta con el ánimo de que la meditaran (no más de lo que dura un episodio de "Salvame deluxe") y me dieran una escueta respuesta. De los 91 respondieron cincuenta y uno. Los otros cuarenta se acogieron a la opción "no sabe, no contesta". La pregunta era: "¿Somos lo que pensamos o lo que hacemos?". De los cincuenta y uno que respondieron, casi la mitad (24) dijeron que somos lo que hacemos; casi un tercio (18) respondieron que somos lo que pensamos; y el resto (8) dijo que somos ambas cosas, tanto lo que hacemos, como lo que pensamos.  Unos días antes de lanzar la pregunta a mis amistades me la hice a mí mismo y me encontré con la sorpresa de que no era fácil responder a esa cuestión. Estuve meditando un rato y decidí repasar ciertas lecturas que en su día hice y que ya tenía casi olvidadas. Ahora expongo mi personal y nada significativa respuesta a la pregunta y un resumen de aqu...

Depende del sombrero

Manuel se levantó con hambre.  En la despensa solo quedaba un resto reseco de empanadilla. Cogió su guitarra y su sombrero de ala corta.  En la calle ocupó la esquina de siempre. El sombrero a sus pies, con dos monedas de veinte céntimos como reclamo. Las únicas que tenía. Los acordes de su vieja guitarra, compitiendo con el ruido de sus tripas, evocaban con escaso éxito la canción «Ciudad desierta», de Alex Ubago. Cuando empezó a lloviznar la calle se quedó vacía.   Manuel, en una cafetería cercana, hizo recuento de monedas. «¡Maldita lluvia! » se decía. –Me pone una caña, por favor. –¿Algo más? –el camarero limpió con desgana la mesa dejando olvidadas algunas migajas. –No, nada más… ¡No se olvide la tapa, eh! Esa noche, Manuel soñó que cambiaba su sombrero de ala corta por la chistera de un famoso mago y, cuando buscó en su interior… ¡tachán! ¿Qué tenemos aquí?... Después de mucho tiempo volvía a probar conejo a la cazadora. Estaba de rechupete. ...

LETRA INCIDENTAL PARA LA MARCHA DE “El ABUELO”

Preámbulo. Es "El Abuelo" una imagen muy venerada, desde muy antiguo, en Jaén. Representa a Jesús Nazareno y la talla es de un autor anónimo que la realizó a finales del siglo XVI. Como suele suceder en estos casos de paternidad desconocida, el pueblo siempre acaba ideando una leyenda que da un origen prodigioso-milagroso a la criatura. Nuestro Padre Jesús Nazareno no iba a ser menos. Otro día, si queréis os cuento su leyenda. Pero si nosotros buscamos un origen que se escape a lo mágico y admitimos que la factura de la imagen se llevó a cabo en el mismo Jaén, hemos de tener en cuenta que por aquella época había dos talleres en nuestra tierra; uno el de Salvador de Cuellar y otro el de Sebastián de Solís. Así que, posiblemente, "El Abuelo" viera la primera luz en uno de esos dos talleres y de la mano de uno de esos dos artesanos. Desde tiempos remotos, la imagen desfila por las calles de Jaén en la madrugada del viernes santo. Se encarga de organizar la proces...

Diez años en un instante

¡Diez años! … Se dice pronto y sin embargo han pasado diez años. Aquel día, especialmente caluroso, no sabía cómo calmar mi sed. Entré en tu bar por casualidad. Solo busca agua fresca. Te encontré a ti. Y ya no supe calmar mi sed con otra agua distinta a la tuya. Han pasado diez veranos más. Calurosos como aquel primero; frescos como tu agua. Y diez primaveras floridas como tu mirada. Han pasado diez inviernos en el calor de tu risa. Y diez otoños en el remanso de tus caricias. Durante todo ese tiempo, tú has estado ahí sabiendo calmar mi sed. Hoy entro en tu bar, pero ya no estás tú. ¿Quién calmará mi sed?