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Entradas

Ginés

“Escribir es ponerse a ello”. Eso me dijo ayer Ginés, un periodista del diario local que está escribiendo una novela, con el que comparto un taller de cerámica (tres semanas de duración y ciento cuarenta y cinco euros de matrícula, por los gastos de material, dicen). —A mí siempre me decía mi profe de lengua que mis redacciones eran muy pobres y que no me suspendía porque estaba enchufao — le dije al periodista con ínfulas de escritor. —Que no te dé reparo. Tú ponte ante tu ordenador, abre el Word, pulsa sobre “nuevo documento” y cuando aparezca la página en blanco, escribe en ella lo primero que se te ocurra, una frase, una idea, lo que sea. El caso es no quedarse parado. Luego solo tienes que seguir tirando del hilo y al final, casi sin darte cuenta, has llenado cuatro páginas. —Me parece algo surrealista, pero no sé… tal vez lleves razón. —No lo dudes —me respondió él—. Pásame el engobe rojo, haz el favor. Quiero darle una apariencia de terra sigilatta a este magnífico cuenc...

SECRETO DESCUBIERTO

  Aquella sería la última vez que entraba en esa casa, pero él todavía no lo sabía. Creía que ella estaría esperándolo, como tantas otras veces. Luz tenue. Los violines de Mantovani invitando a la intimidad. Dos daiquiris recién combinados, uno de ellos –el suyo–, con menos limón. Abrió con la llave que ella le dio la tercera o cuarta vez que se veían en su casa. «Toma, para que la vecina no oiga el timbre cuando vengas», le dijo. Al principio le sorprendió no oír la música, pero no le dio importancia. Luego le pareció que la penumbra era más espesa de lo habitual. «Hola, ¿estás ahí?», dijo apenas alzando la voz. Al momento se encendió la lámpara que había detrás del sillón. Un fogonazo cegador. Se aviseró con la mano los ojos y creyó ver la figura de un hombre en el lugar donde debería estar ella, esperándolo sentada y con las piernas entreabiertas, lujuriosas, insinuantes. «Mi marido estará tres días en Marsella, ven esta noche», le había dicho por la mañana al pasar, como ca...

Ilusiones

1.-  Se cree que por tener un reloj y poder cambiarle la hora a su antojo domina al tiempo. 2.- Tiene cien trajes distintos porque cree que cada vez que se cambia de chaqueta es una persona diferente. 3.- Su padre lo ilusionó cuando era pequeño diciéndole que, con un poco de esfuerzo y perseverancia, el día de mañana podría conseguir la luna. Ayer lo encarcelaron por llevar veinte años practicando alunizajes. 4.- Se hacía la ilusión de que al mover hacia atrás las manecillas del reloj podría deshacer todos sus errores. 5.- Lo educaron haciéndole creer que el dinero daba la felicidad. Ahora tiene mucho dinero, mucho, pero ha perdido el interés por ser feliz. 6.- Seguía esperando que, al final, ella le perdonara el haberle puesto los cuernos; pero hoy tiene que entregarle las llaves del piso, las del coche y la PlayStation. Así lo ha dictaminado el juez. 7.-Vivía con la esperanza de que llevando una vida sana, sin fumar, sin beber alcohol, sin comer chorizos y haciendo de...

¿Es absurdo el humor absurdo?

Todo el  mundo sabe que tengo una particular afición al humor absurdo, también al negro, pero este solo cuando estoy de luto. Por el contrario no me gusta nada el humor vítreo, nadie sabe para qué sirve ni quién lo inventó. Jaime Rubio Hancock, un día paseando por los sótanos de la Biblioteca Nacional, se encontró un título tirado en el suelo. Lo cogió y lo leyó. “El gran libro del humor español”, decía el papelito. Jaime, que las pilla al vuelo, se dijo: “Ah, pues voy a escribirlo yo”. Y cuando llegó a su casa, después de merendar un bocata de mortadela, se puso a escribirlo y no paró hasta tenerlo terminado dos meses y cuatro días después. Luego tuvo que corregirlo y ahí tardó casi dos años, pero bueno, se comprende, a todos nos ha pasado lo mismo. Pues resulta que el pasado día seis de enero, me trajeron el susodicho libro los tres reyes magos. Bueno, en realidad el libro me lo subió a mi casa un paje del rey negro cuyo nombre ahora no recuerdo, creo que es el abuelo de Otel...

Unas fotos para meditarlas

  Yulia Napolskaya es una artista rusa nacida en 1973, residente en San Petersburgo, dedicada al mundo de la fotografía y la foto-manipulación. Sus trabajos rezuman teatralidad y humor; lúcidas composiciones llenas de ironía que apelan a la complicidad del espectador para seguir el juego de los personajes. Yulia es frecuentemente su propio modelo. Ha ganado varios premios y expuesto sus creaciones en varias oportunidades. El feminismo podría utilizar alguna de sus fotos para su lucha reivindicadora de la igualdad de género. Por ejemplo esta que ella ha titulado “Cruz femenina”. Creo que la foto habla por sí sola: fregar, lavar, cocinar, mantenerse atractiva y seductora para cuando a él le venga en gana echar un rato de guarrerías, como diría Chiquito. He visto muchas más fotos de esta singular artista. Son todas muy elocuentes. Entre otros temas, toca el de la muerte. Ya sabéis que a mí me gusta pensar en ella. Solo de vez en cuando, no vayáis a creer que soy un necrófilo. Al ...

¡No me das miedo, Muerte!

Nietzsche, un gran pensador que sin duda hizo más de lo que le correspondía en su reflexión sobre la muerte y el acto de morir, se asombraba al ver cómo la mayoría de las personas no están dispuestas a pensar en la muerte. Hace poco más de una semana murió la madre de un amigo mío. Fui al tanatorio para acompañarlo unos minutos en su dolor. Por un momento experimenté  la muerte, pero no fue MI muerte, fue la muerte del Otro, no la propia. La muerte mía nunca podré experimentarla. Sartre, el pensador existencialista, insiste en que una persona nunca experimenta su propia muerte. Desde el punto de vista de la persona, no puede padecerse la muerte. ¿Cómo podría hacerlo, si la muerte supone la completa destrucción de su punto de vista? En un sentido estricto, la muerte solo les sucede a los demás. Muchas personas se angustian y temen la muerte. Si son “creyentes”, si son adeptos de alguna religión, tal vez se sientan consolados con la esperanza de una vida ulterior, sin sufrimiento, et...

Se esperaba un invierno especialmente frío, pero…

 Recuerdo que en mi infancia, cuando vivía en la calle Almendros Aguilar, yo pasaba mucho frío durante los inviernos. Vivíamos en una casa antigua. Éramos dos vecinos: Ezequiel y Pura con sus dos hijos en la planta baja, y nosotros en la planta primera. Había un patio compartido. Tenía un pilón del que brotaba un agua cristalina y muy fresca. En invierno, el balcón del dormitorio permanecía cerrado a cal y canto, pero en las noches de verano se dejaba abierto de par en par y yo oía pasar al sereno que venía desde calle abajo golpeado acompasadamente el asfalto con su chuzo. Ese golpeteo me daba cierta seguridad y me hacía dormir plácidamente. En los meses de frío nos calentábamos con braseros de cisco que te obligaban a estar sentado junto a la mesa camilla, cubiertas las piernas con las faldas de la misma. Un año, quizá fuera el del cincuenta y ocho, o tal vez el del cincuenta y siete, mi madre aventuró que ese invierno iba a ser extremadamente frío. Todos, mi padre, mis hermano...

Recortes de prensa y otros escritos encontrados en un baúl.

  Noticia publicada en “Le Figaro”. 14 de Abril de 1915 : «Fuentes bien informadas, nos comunican que en el día de ayer, los piratas del malvado James Garfio asaltaron el interior del Árbol del Ahorcado y capturaron a nuestro admirado Peter. Se sospecha que lo tienen retenido en algún lugar secreto del intrincado Bosque Tiki, donde algunos de sus árboles parlantes ya han sido interrogados por Tinker Bell aunque, de momento, se han mantenido en silencio y no han revelado el lugar del posible escondite. Tanto Wendy como la misma Tinker Bell, solicitan ayuda para cuidar de los siete Niños Perdidos y colaboración en el rescate de Peter.»   Carta hallada en una antigua base aérea militar de Córcega : País de Nunca Jamás, 12 de diciembre de 1917 «Estimado Sr. James Matthew Barrie: Han pasado casi dos años desde que usted me encomendó la misión de colaborar en el rescate de Peter y a todos sus amigos. Hoy le escribo comunicándole que, por fin, hemos culminado con éxito la...